Sobre Babel y otras historias de padres e hijos



Autor: Lic. Guillermo E Unzain
Actualizado el 4 de agosto de 2011

Cuenta la biblia en el capítulo 11 del Génesis que: los hombres se reunieron y dijeron: «Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra.»

Pero el Señor bajó para observar la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y se dijo: «Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es sólo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr. Será mejor que bajemos a confundir su idioma, para que ya no se entiendan entre ellos mismos.»

Me interesa ubicar dos cosas que señala este mito. Por un lado el origen de la confusión de las lenguas, de la diversidad idiomática, y a la vez de la confusión en lo intrínseco de cada lenguaje, o sea la posibilidad de equívoco, (como recién leí: …Será mejor que bajemos a confundir su idioma para que ya no se entiendan entre ellos mismos). Se plantea en esta forma mítica la dimensión propia de la comunicación humana, que es siempre incompleta, siempre inexacta, siempre abierta al mal entendido. La otra cuestión que me parece importante indicar es que este breve texto también hace referencia a una historia de encuentros y desencuentros entre un padre y sus hijos, entre los deseos de este padre y los deseos de estos hijos, e inclusive impacta la fuerza con que se caracteriza la determinación del deseo: “todo lo que se propongan lo podrán lograr”.

Quiero subrayar la puesta en juego del deseo y del territorio del lenguaje como misteriosas manifestaciones de lo humano que a la vez nos humanizan. Deseo y lenguaje, son dos referencias centrales que determinan nuestro trabajo como analistas. Dice Lacan en “Función y campo de la palabra “(Escritos 1, pg. 268. SigloXXI Editores):
“Los símbolos envuelven en efecto la vida del hombre con una red total, que reúne antes de que él venga al mundo a aquellos que van a engendrarlo “por el hueso y por la carne “, que aportan a su nacimiento con los dones de los astros , si no con los dones de las hadas , el dibujo de su destino, que dan las palabras que lo harán fiel o renegado , la ley de los actos que lo seguirán incluso hasta donde no es todavía y mas allá de su misma muerte…”

En esta red en este territorio es que nos toca trabajar. Pero, ¿Cuál es nuestra función?, y en específico en el trabajo con niños ¿Cómo se introduce nuestro discurso en esta Babel de historia familiar, muchas veces también atravesada por demandas educativas y diagnósticos médicos?

Le traigo una referencia a la clínica para poder pensar este tema.

Recibo una consulta de una madre, Florencia, por un niño de 5 años, Francisco. Si bien de entrada dirá que Francisco “tiene algún problemita de aprendizaje”, viene acompañada de informe del jardín al que concurre desde los 3 años donde se indica expresamente que “no aprende, ni se integra”, también de la institución especial a la que asiste desde hace un año, (por recomendación del gabinete escolar), esta institución lo define como niño psicótico, y cuenta con un diagnóstico médico que menciona una lesión cerebral en el lóbulo frontal.

Las referencias de las que me voy enterando es que corre constantemente y trepa con habilidad arboles, bancos, mesas, lo que encuentra a su paso, también repite ciertas frases cortas, entre ellas predominantemente “¿quien apagó la luz?”. A la vez me comunican estos informes que está muy apegado a su madre, (situación que ella confirma), siendo un momento muy dificultoso el ingreso al jardín.

Con Florencia se hace difícil inicialmente pautar entrevista, falta o suspende argumentando frecuentemente motivos laborales, (vende ropa de manera independiente) y olvidos. Ella tiene 26 años, vive con su madre y una hermana, Francisco es hijo único y no conoce a su padre. Florencia explica que si bien el papá de su hijo vive en el mismo barrio, “no quiere ni verlo”, dice: “Me abandonó cuando supe del embarazo”. Embarazo que se dio durante un breve noviazgo.

En algún momento planteo entrevistas con Francisco. Tal como se esperaba, se muestra muy inquieto, desparrama los juegos y no hay diálogo pero si las frases que llamativamente son preguntas: ¿Quién apagó la luz?, ¿quién prendió el calefón?, también repite algunas preguntas que le hago como por ejemplo ¿fuiste al jardín?

Durante una serie prolongada de entrevistas apunto a desplegar las frases introduciéndolas en relatos intentando diálogo, a la vez que también trato de armar juego.

Hay un momento donde algo distinto empieza a armarse. Dice: “¿viniste en colectivo?”, mientras mueve un bloque de encastre sobre la mesa, le digo que sí y le pregunto si el viajó en colectivo, mientras que le ensamblo rueditas al bloque y le digo que parece un colectivo. Se abre un hablar y un jugar distinto. Juega a que trasporta animales en le colectivo, dice “estos son los animales de la granja”, (me entero que en el jardín al que concurre hay una pequeña granja, y por otra parte ha comenzado a concurrir en micro a la escuela). Posteriormente algún muñequito pasará a ser nombrado por el como Francisco.

Para este momento su comportamiento en la escuela parece ya no es tan disperso, logrando inclusive ingresar sin mayores dificultades, lo que promovió la idea de la utilización del micro. Pero surge igualmente una situación difícil. Durante un acto escolar en el que debía disfrazarse de payaso, tiene una crisis de llanto importante, no acepta este disfraz, no acepta este cambio en su imagen. A raíz de esto me entero que generalmente no quiere cambiarse de ropa, aceptando con mucha dificultad prendas nuevas en su vestuario.

En este primer tramo, diré que el analista empieza a ocupar un lugar, este niño puede dirigirle su pregunta, pero a la vez este niño se manifiesta en una posición endeble, en cuanto a que aparece alienado a una imagen que puede desvanecerse.

En los juegos en sesión comienza a aparecer la plastilina, primero simplemente amasándola, para luego pasar a ser “la pelota de rugby”, y jugamos a tirarla y agarrarla. Este nuevo elemento va ocupando un lugar central, en oportunidad construye “la columna de la luz”, a la manera de las luminarias de una plaza, (el vive lindando a una plaza), va armando la columna indicando cada parte “la columna, el portalámparas, la lamparita, el vidrio”. En estas construcciones da la impresión de que se pierde la dimensión de representación. Pregunta ¿Por qué no prende la luz?

En este tiempo también va a imitar al personaje del Chavo. La referencia que recibo de los docentes especiales es que piensan que él se cree el Chavo, e inclusive ubica en los docentes a otros personajes del programa.

Llamativamente elige un personaje que representa un niño sin padres.

En una entrevista con su mamá, ella cuenta que ya no hay tanto “pegote”, inclusive se queda mucho tiempo quieto mirando el Chavo (tiene videos de este programa). Por su lado ella se puede mover más, ha comenzado a trabajar en un comercio, a estudiar y se encuentra en los tiempos iníciales de un noviazgo. Si bien en algunas ocasiones Francisco se queda llorando, no se producen situaciones en las que Florencia tenga que desistir de una salida.

Durante las sesiones, si bien su hablar sigue sosteniendo en sus características la presencia de lo reiterativo, a veces con frases inconclusas y otras difíciles de contextuar, van surgiendo temas centrales. Dice por ejemplo: “¿los chicos se hacen grande?, o ¿Cuándo se terminan de hacer grandes? Hablamos de los grandes y chicos que el conoce. Comienza a dibujar, actividad que hasta el momento no le había interesado, dibuja figuras humanas bastantes bien compuestas. Va dejando de imitar al Chavo para hablar del Chavo, Pregunta: ¿él Chavo es de otro país?, a veces lo ubica en “el país de la televisión”. El tema se extiende pregunta: ¿en que país estamos?, o ¿el jardín está en otro país? Y surge otra pregunta interesante ¿los chicos cuando se hacen grandes son papá? Descubre algo en relación al Chavo “es grande que se disfraza de chico”.

Parece ser que el andamiaje simbólico comienza a anudarse, y el tema del padre cobra peso.

En una entrevista con Florencia, ella dice que se le ha ocurrido, a partir de que su hijo ha preguntado donde está su papá, que sería bueno que Francisco lo conozca, dice “le va a hacer bien”. Ante la pregunta del porqué, dice que ella no conoció a su padre, él se fue cundo era aún bebe, se fue a otro país, su madre siempre le habló mal de él,”era un irresponsable” decía pero Florencia duda: “yo no sé si fue así, me hubiera gustado conocerlo, a lo mejor no es como dice mi mamá”.

Vale hacer notar que cuando Florencia refiere que su hijo preguntó “donde está su papá “, esta pregunta queda pivoteando , abriendo dos vertientes una dirigida al padre de Francisco y otra que apunta al padre de Florencia.

Ante esta perspectiva se plantea la posibilidad de tener entrevistas con este padre. Florencia comienza a comunicarse con Daniel (padre de Francisco), lo cual no se hace tan complejo como ella pensaba, encuentra disposición favorable de este hombre a contactarse con su hijo.

En las entrevistas Daniel también expresa esta buena disposición, habla de la sensación de culpa por “no haber sabido que hacer” y de la idea; (bastante acertada), de que había un fuerte rechazo a que se acerque por parte de Florencia y su familia.

Daniel está casado, tiene dos hijos algo menores que Francisco. Dice que su esposa está al tanto de su historia y está de acuerdo en explicar a sus hijos acerca de la presencia de Francisco. A la vez a Florencia va anticipando a Francisco este encuentro, dándole datos y referencias a la historia.

Al tiempo se concretan las primeras visitas de Francisco a casa de su padre, al principio muy breves, para luego ocupar toda la tarde del domingo. La sensación inicial es que Francisco está muy contento. Pero en la sesión posterior a la primer visita prolongada, se muestra algo retraído, habla poco, lo cual no es algo habitual, pregunto por su padre y sus hermanos , los nombra sin hacer mayores referencias.

En el transcurso de las siguientes sesiones va diciendo que no quiere venir aunque sin darme explicación alguna. Finalmente durante uno de estos encuentros comienza a llorar y grita. “no quiero trabajar con vos, no me gusta”, ante mi sorpresa e intento de entender que es lo que no le gustaba, me grita “trabajá con tus hijos”, le digo entonces que sabemos que su padre tiene tres hijos, él y los dos hermanos que conoció hace poco, y que seguramente su padre pasó mas tiempo con estos hermanos que con él. Vuelvo a comentarle mucho de lo que ya conoce acerca de la historia del encuentro y distanciamiento de su padre y su madre. A partir de aquí en el juego ubica a su padre y sus hermanos, también aparece la otra mamá, dice: “mi papá vive con la otra mamá”. Continúa el juego del colectivo, un dato llamativo es que su padre es conductor de un colectivo. A veces incluye un mecánico que arregla el colectivo, también juega con un camioncito donde hay un hombre que está arreglando la luz, lo que evoca su pregunta inicial “quien apagó la luz”.

La transferencia se puso en juego de manera ruidosa. Pero recordemos que en este tiempo de la constitución subjetiva la transferencia se juega en la relación con los padres y desde ya no se trata de que deba prescindir de ellos. Los padres son los que saben. Por lo tanto, si nos referimos a la neurosis ordinaria como aquella donde se manifiesta un malestar, habrá que pensar que esta neurosis sustituye una neurosis de transferencia no resuelta. Digamos que la neurosis de transferencia “estalla” frente a quien no sostiene mas, en este caso, la transferencia de este niño. Los padres han caído del lugar de sujetos supuestos saber.

No me extenderé con este recorte clínico, pero quiero incluir una referencia más. En uno de nuestros encuentros, me dice: “decime Lautaro”, no responde a la pregunta de por que y quien es Lautaro, pero insiste, agrega su apellido: “Lautaro González soy yo”. Posteriormente su madre me da la información. Lautaro González es el padre de Florencia, Francisco conoció a este abuelo con una foto su madre le mostró.

Dado este texto, se puede plantear la pregunta de cual es el lugar del analista que tuvo por efecto un cierto ordenamiento simbólico.

En principio habrá que decir que el analista deberá ofertar su escucha, pero lejos de pensar al niño como un pequeño adulto, habrá que recordar que los niños vienen sujetados a un Otro donde se ubican los deseos de estos padres. Terreno que se presenta en conflicto, con desorden e incógnitas que envuelven a Francisco, sujetándolo en una posición de detención, niño que no aprende ni se integra para la escuela, niño psicótico para el jardín especial, y el peso de la lesión cerebral en el discurso médico. Significantes estos que bien podrían haber alcanzado par a obturar toda pregunta. Y aquí el lugar del analista tendrá que ver con abrir y relanzar las preguntas.

Se juega en este análisis un saber no sabido, desplegado a la lectura del analista, que denuncia un punto de ruptura donde un saber familiar dejó de ser transmisible. Se va delimitando así el lugar desde donde el analista puede intervenir, digamos que el lugar asignado, si todo marcha bien en el análisis, sería el de restablecer el lugar de donde los padres han caído.

Finalmente me permito una discrepancia con el relato del Génesis. Como vimos, la confusión del lenguaje era la condena de este dios padre al deseo desafiante de estos hijos. Pero para mí, la confusión de los lenguajes no me parece para nada una condena, sino que esta posibilidad del equívoco, es la que nos otorga una capacidad específica de lo humano, la capacidad de producir metáfora, de crear.

Muchas gracias.
Guillermo Unzain
unzain@psicocuestiones.com.ar




Nota:
Trabajo presentado en marco de la Jornada: "El niño oculto en Babel. Diagnóstico e Interdisciplina". "El rol del analista ante los diversos discursos sobre el niño". Organizadas por el Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, Distrito Necochea, el 2 de julio de 2011.




Bibliografia:
Alejandra Eidelberg, Cecilia Feldstein : “El niño como objeto del fantasma materno: soborno y sacrificio”. ”. En: “Desarrollo y Estructura en la Dirección de la Cura”. Ed. Atuel
H. Iglesias, I. Kuperwajs, E. Martinez Ruiz: - “El sujeto supuesto saber en la clínica con niños”. En: “Desarrollo y Estructura en la Dirección de la Cura”. Ed. Atuel.
J. Attal: - Transferencia y fin de análisis con niños, en Revista Littoral Nro10.
J.Lacan: “Proposición del 9 de octubre de 1957”.
“Función y campo de la palabra “, en: Escritos 1. Siglo XXI Editores.
S. Freud: -Análisis de la fobia de un niño de cinco años (1909)
-Lección XXXIV: “Aclaraciones, aplicaciones y observaciones” de: Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis - 1932 [1933]
-Recuerdo, repetición y elaboración- 1914.
Génesis, capitulo 11 en: www.la-santa-biblia.com



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