Un caso de consumo de drogas: viviendo en los márgenes




Autor: Lic .Sonia Sztern - Actualizado el 13 de enero de 2009

Un caso de consumo de drogas: viviendo en los márgenes
En este trabajo intento dar cuenta, a través de la presentación de un material clínico, de los interrogantes que se me van planteando a partir de mi trabajo clínico con pacientes que consumen las denominadas sustancias psicoactivas.

J. entra a la institución y saca del bolsillo de su pantalón un papel doblado y arrugado. Entonces dice”: Me mandaron...”

El papel resulta ser un oficio judicial indicando que J. Es descubierto con dos cigarrillos de marihuana. Que cometió un delito, considerado menor (robo en un comercio sin portación de armas). La tenencia de esta sustancia, para la Ley 23.737, es considerada un delito. Pero al no ser una cantidad suficiente como para que exista la posibilidad de utilizarla como medio para el narcotráfico; sumado a que el delito fue en estado de consumo y que el detenido acepta hacer un tratamiento de rehabilitación, la justicia suele derivar a tratamiento en alguna institución del ámbito público. En este caso, es admitido dentro de un Centro Provincial de Atención a las Adicciones (CPA.). El mismo integra una red de asistencia y prevención dentro del Ministerio de Salud de la Provincia de Bs.As, Argentina.

Volviendo al caso, cuando J. Entrega el papel en esas condiciones, le señalo que el mismo tiene peso legal. Que no es cualquier papel. Sin emitir palabra y cabizbajo acepta la propuesta de un turno para concretar una entrevista.

Se presenta, pero 50 minutos tarde. En la institución se tiene como pauta en estas situaciones, dar un nuevo turno para la semana próxima.

Comienza a concurrir cumpliendo con el horario. Pero no trae tema alguno. J.A.Miller dice: “La droga aparece como un objeto que concierne menos al sujeto de la palabra que al sujeto del goce, en tanto ella permite obtener un goce sin pasar por el Otro.-”

Decido aplicar el cuestionario denominado de Primeras Escuchas, el cual indaga datos al estilo de una anamnesis. En el espacio de Observaciones se suele preguntar datos familiares, aparte por supuesto, de las características que lo relacionan con el consumo de sustancias.

J. tiene 24 años al momento de la consulta. Dice que ha hecho tratamiento ambulatorio y con el sistema de internación, pero que abandono ambos porque no estaba obligado por la justicia. También agrega que consume marihuana y alcohol desde los 14 años.

Trabaja como empleado en un lavadero de autos, junto con un hermano menor.

Convive actualmente con una hermana y la familia de ésta. Ya que su madre lo denunció por agresión física a la pareja de ella. J. Dice que él le pegó porque su madre mete gente a su casa para vivir del alquiler. J. No acepta compartir la mesa con este hombre, pareja- inquilino de su madre. La justicia dictó la medida de Exclusión, por la cual él no puede acercarse al hogar materno.

Su padre fallecido hace 10 años, a causa de un accidente cerebro vascular. A los 2 años de producirse este hecho, una hermana de 12 años se suicida. J. allí puede decir que ésta hermanita era muy querida por él, pero lo dice como al pasar. ( Pienso: ¿ tratando de evitar la angustia?¿ Será que no puede soportarla?) Me empiezo a preguntar por la estructura de base de este joven.

J. continúa asistiendo a las entrevistas. Pero recurre su apatía, acompañada por una actitud de repliegue sobre sí. Como a la defensiva, no me mira a la cara. No pide ayuda.

En medio de esta situación aparecen llamados constantes de su madre, diciendo que J. Va a la villa y que la hermana lo vio consumiendo alcohol y psicofármacos, y que volvió a su casa golpeado.

Comienzo a utilizar esta información, y ante mi sorpresa respecto de otros pacientes que suelen no aceptar la intervención de familiares en su tratamiento, J. comienza a hablar.

Cuenta que no soporta que se metan con él, excepto con aquellos que él conoce y que son sus compañeros estables de consumo. J. Se relaciona con pares que trabajan y otros que roban. Todos consumen especialmente alcohol hasta embriagarse. Resulta común en este grupo que se agredan físicamente cuando están en este estado. Con lo que pienso que allí no es posible discriminarse uno del otro. La única manera de marcar una diferencia se produce en el acto agresivo. Que rompe con la homeostasis del goce único en el acto del consumo. Volviendo a la frase citada de J.A.Miller, este goce que no pasa por el Otro no esta mediado por la significación fálica que en tanto función simbólica, instaura una medida al goce. Marcando tiempos y diferencias. Hablamos entonces ya no de goce, sino de placer. Placer particular de cada sujeto, donde éste puede decidir y apropiarse del placer sentido.

J. continúa consumiendo, así como crece su agresividad. Se pelea con su empleador, con su madre y con su hermana. Termina expulsado y nuevamente denunciado por su madre. Va a vivir a la villa. Subsistiendo un poco a través del robo con su grupo de consumo, más las viandas que su madre comienza a mandarle vía sus hermanos.

En entrevista cuenta que durante el fin de semana estaban bebiendo y que alguien trajo al grupo una cantidad de pastillas. Dice: -”¡ Había de todo! Yo agarraba y agarraba. ¡No sabe!”-. Soy testigo ahí del éxtasis, de ese goce sin medida. Donde el sujeto se desvanece. Donde el límite no lo pone el sujeto. El limite suele ser un desmayo, fuertes dolores de cabeza, vómitos, la aparición de alucinaciones de tipo amenazantes, y /o escenas de violencia. Por esto en el acto del consumo de sustancias, el goce experimentado está mas ligado a la Pulsión de Muerte que al Eros.

Le pregunto a J. Que pasó después. Dice que le contaron que le dio una fuerte golpiza a alguien, pero que él no se acuerda.

Intento no caer en la postura de exigirle abstenerse del consumo, ni tampoco en la otra postura que apunta a prevenir el daño, señalándole los riesgos para su salud, derivándolo a un médico.

Le digo que por este camino el se está perdiendo, y lo nombro con su nombre y apellido.

Llama nuevamente su madre para decir que J continúa consumiendo. Que lo encontraron unos vecinos tirado en una zanja y alcoholizado. Respecto a este hecho, J. Dice ahora que bebe sólo alcohol. Que se dio cuenta que consumir drogas te hace perder todo. Que estaban tomando en la villa y que bebió sin parar.”Tomamos y charlamos. Tomando me pongo mas alegre, hablo más.”-

Pienso que J. es un consumidor grupal, que encontró en la villa, en los márgenes de la sociedad, un lugar de aceptación donde nadie condena las locuras de cada uno. El :” Está todo bien”- típico del discurso del consumidor de drogas, da cuenta de esta actitud. A la vez, parecería que la operación del farmacón le posibilita a J. algún tipo de compensación. En su libro”: Toxicomanías y Psicoanálisis.

La narcosis del deseo”, Sylvie Le Poulichet nombra la ambigüedad de la operación del Farmacon, en tanto es a la vez, remedio y veneno; que ésta operación permitiría neutralizar lo que cobra el valor de una amenaza.” Que algo se haya constituido como un intolerable que no pueda ser asumido dentro de una realidad simbólica ()la dimensión de la alteridad resulta neutralizada por éste dispositivo, cuando no se muestra desfalleciente”-

Si bien continúa sin poder controlar su componente compulsivo, parecería que va armándose algún sentido. Una relación particular a la sustancia.

El consumo un poco más acotado frente a su decisión de no consumir pastillas con alcohol y cocaína, va delimitando su inserción en un grupo que ya no busca como única causa el juntarse para consumir.

Es entonces que acepta el llamado de su antiguo jefe, más la insistencia de su hermano para que vuelva a trabajar. J. Acepta también la propuesta del dueño de instalarse en el lavadero para cuidarlo durante la noche.

Así deja de concurrir a la villa y comienzan a aparecer personas que él nombra como amigos. Que los conoce hace mucho, que lo invitan a tomar unas cervezas, pero dentro de la casa de éstos. Donde también comparten la comida y conversan con los familiares.

Respecto a su familia, la madre le lleva comida al lavadero, dado que J. no tiene elementos para cocinar. Pero esto no es algo constante, ya que J. no suele aceptar todo lo que su madre le da, a la vez esta nunca le consulta que es lo que él necesita. Un ejemplo: él no tiene cocina, y la madre le regala un grabador porque supone que su hijo se aburre en el silencio. Él dice que no lo va usar, que él quiere su grabador, que lo usa “Ese tipo que está con ella”- Pero no logran acordar que sería más lógico que si ella va a gastar un dinero en él primero le pregunte o actúe visualizando que él, aunque no lo pida expresamente, necesita primordialmente alimentarse. Ya que él sí respeta la medida judicial de no acercarse al domicilio de su madre. En cambio ella transgrede continuamente la medida y lo manda a llamar para buscar dinero o alimentos.

Dice Winnicot, en su texto sobre los objetos y fenómenos transicionales : “Un niño no tiene la menor posibilidad de pasar del principio del placer al de realidad, o a la identificación primaria y más allá de ella, si no existe una madre lo bastante buena.( que no tiene por qué ser la del niño) es la que lleva a cabo la adaptación activa a las necesidades de éste y que la disminuye poco a poco, según la creciente capacidad del niño para hacer frente al fracaso en materia de adaptación y tolerar los resultados de la frustración”-.

Con el avance de las entrevistas, J. Puede desplegar algunos elementos y datos de su historia infantil. Dice que no recuerda mucho. Pero que su madre siempre fue “medio loca” y que fue siempre de gritar y pegarle. Recuerda más desde la edad en la que, ya fallecido su padre, ésta le cerraba la puerta con llave para que el no saliera a la calle. Dice que han forcejeado y se han agredido físicamente desde entonces. También recuerda que cuando él cumplió sus 13 años comenzó a salir, y ante las escenas de violencia entre ambos, su madre lo hecha de la casa, aunque luego se arrepentía y lo iba a buscar, pero volvían a armarse los choques y nuevamente resultaba expulsado de su casa. Fue así que él comenzó a vivir con la gente de la villa. Actualmente la madre reproduce esta actitud ambivalente. Actitud que habrá sido la constante del mensaje materno.

En cuanto al padre, trae un recuerdo de cuando era un niño de 8 años aprox. , donde él le lloraba para que lo llevase con él al trabajo; y donde éste le respondía con la amenaza de golpearlo. Previa aclaración de que era común que él y sus hermanos recibieron castigos físicos de parte del padre. No recuerda haber tenido diálogos con él.

Por la madre, me entero que el padre de J. Salía con mujeres todo el tiempo. Situación que podría explicar la actitud del padre. Viviendo una vida ajena a J: y a sus hermanos. Respecto a éstos últimos; la hermana está en pareja con un hombre violento e infiel, del cual no puede separarse. El hermano convive desde los 17 años con la familia de su novia.

Dice J. Que ésta familia lo gobierna. Que no tiene “palabra propia”.

El padre de J. Bebía alcohol en forma diaria y la madre toma psicofármacos desde que él tiene memoria.

Es claro el déficit de la palabra como elemento simbólico, dentro de ésta familia. Prima la violencia y las transgresiones. La primacía del Acto por sobre la Palabra. La palabra en tanto su efecto pacificador e instaurador de un orden dentro de una serie simbólica.

La pobreza de recuerdos de su primera infancia podría señalar el déficit del Otro en su función de Otro Primordial que aloja al Sujeto en la Lengua desde su Deseo.

Sentando la base para el pasaje a la cultura vía la operación del Significante Del Nombre del Padre.

Para concluir, pienso que la intervención de la justicia produjo cierto efecto ordenador, aunque desde afuera de la estructura de J., hace posible que en este momento este joven pueda estar inserto en la sociedad desde su trabajo, más los nuevos contactos sociales que él va aceptando; sin que se le dispare la agresividad en agresión física o en la compulsión al consumo de sustancias psicoativas.

Efecto paradójico el que el consumo de sustancias ilegales le hayan abierto una puerta a un posible tratamiento dentro de una institución. Teniendo en cuenta que J, nunca se consideró un toxicómano, no ocultó datos sobre su consumo, ni pidió ayuda para dejar de consumir. Pero continúa viniendo. Creo que se le ofreció un espacio de escucha y de estimulación para que tome su palabra. Lic .Sonia Sztern




BIBLIOGRAFÍA
- Donald Winnicott: Los Objetos Transicionales y Fenómenos Transicionales. Año 1953.
- Jacques A: Miller: Para una investigación de un goce auto-erótico. Texto de clausura de las Jornadas del grupo





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