La próxima vez no vengo


Autor: Lic. Verónica Icasuriaga
Psicóloga – Psicoanalista
Especialista en Psicología Clínica
Orientación Niños y Adolescentes
Supervisora Clínica
4656-8068
Actualizado el 10 de junio de 2018

La próxima vez no vengo
A sus quince años, Mario es derivado por un colega que dirige un hogar para “chicos de la calle”.

La presentación que hace de él, es que sufrió enormes maltratos por parte de los padres, con mas de doscientas marcas en el cuerpo para comprobarlo.

La dificultad que se presenta en el hogar y en la escuela es que no habla.

Ante cualquier inconveniente responde a los golpes parando solamente cuando lastima o es lastimado, y a veces ni aún así.

Mario acude puntualmente, sin decir palabra, me entrega el papel donde le habían escrito mi nombre y dirección.

Ingresa al consultorio y aunque sus ojos no se veían debajo de una gorra que prácticamente los tapaba, era notorio que observaba cada detalle y cada movimiento mío.

Durante las primeras entrevistas se mantenía en silencio, observando algún punto fijo, casi estático, excepto cuando intuía que yo no me daba cuenta, por debajo de la gorra, cuidadosamente me miraba.

Ante mi menor movimiento, desviaba nuevamente sus ojos, al punto fijo que había elegido.

En el Seminario XI Lacan nos dice, retomando la relación de la mirada.

“Estamos en tiempo de guerra. Avanzo en la llanura y supongo que estoy bajo una mirada que me acecha.
Si lo supongo, no es por que tema que mi enemigo se manifieste de algún modo, atacando, pues en ese caso la situación se relaja y sé con quien habérmelas
. Lo que más me importa es saber lo que el otro imagina, detecta de mis intenciones, cuando avanzo, por que para mi se trata de ocultarle mis movimientos.
Se trata de una astucia”

“La dialéctica de la mirada se sostiene en este plano, lo que cuenta no es que el otro vea donde estoy, sino que vea a donde me dirijo; es decir precisamente que vea donde no estoy”
Retomando la relación a la palabra, tomaré lo que Lacan expresa en el Capítulo “La Tópica de lo Imaginario” del mismo Seminario. Platea que el fundamento de la acción terapéutica, suele decirse es que el sujeto identifica al analista con su ideal del yo o por el contrario con su Súper – yo”

“El súper yo se sitúa esencialmente en el plano simbólico de la palabra, es un imperativo, tiene relación con la ley, pero es a la vez una ley insensata, que llega a ser el desconocimiento de la ley.

El súper yo es simultáneamente la ley y su destrucción.

En esto es la palabra misma, el mandamiento de la ley, puesto que solo queda su raíz.

La totalidad de la ley, se reduce a algo que ni siquiera puede expresarse, como él “Tu debes”, que es una palabra privada de sentido.

En este sentido, el súper yo acaba por identificarse solo a lo mas desbastador, a lo mas fascinante de las primitivas experiencias del sujeto.

Acaba por identificarse a lo que llamo figura feroz, a las figuras que podemos vincular en los traumatismos primitivos, sean cuales fueren que el niño ha sufrido.”

“Cada vez que estamos en el orden de la palabra, todo lo que instaura en la realidad, otra realidad, finalmente adquiere su sentido y su acento en función de este orden mismo.

Si la emoción puede ser desplazada, invertida, inhibida, si ella esta comprometida en una dialéctica, es porque ella esta capturada en el orden simbólico.”

El “sin palabras” de Mario esta inscripto en esta dialéctica.

Cierto día deja de mirar un punto fijo, para comenzar a observar la replica de “Neftis”, una diosa de la mitología egipcia que estaba sobre una repisa.

Le digo que si quiere puede tomarla.

Acepta y pregunta “¿esto es suyo?”

Le digo que si y le cuento que era una diosa que representaba para los egipcios el atardecer y creían que tenia poderes mágicos.

Al finalizar esa entrevista me dice:
“La próxima vez, no vengo”
Le pregunto sorprendida ¿por qué no?
Casi sonriendo dice “Bueno, esta bien, vengo”
A partir de allí al finalizar las entrevistas se dará siempre el siguiente dialogo:
A: “Te espero la próxima semana”
M: No sé si voy a venir
A: “Yo te espero”
M: Bueno esta bien, vengo

Cito a una entrevista a B, encargada del hogar, una de las personas mas nombradas, entre lo poco nombrado por Mario.

Cuenta que es muy querido por todos, pero que no saben como ayudarlo.

En el hogar no habla, pelea todo el tiempo, sin medir las consecuencias.

Básicamente conocen la historia por el legajo judicial, ya que él nunca ha contado nada.

Consta allí que la policía acudió a la casa, por orden del juez de Menores, ante denuncias reiteradas efectuadas por los vecinos de agresiones.

Lo encuentran a él y a un hermano, atados por una cuerda, colgados cabeza abajo.

Al venir la policía y desatarlos, Mario escapa de la casa por los techos y no lo pudieron seguir.

A sus padres se los llevan detenidos por unas horas.

A partir de la entrevista realizada con “B”, comienza a hacer preguntas sobre mí:
¿Leía yo, todos los libros que tenía?
¿Cuánto tiempo había estudiado?
¿Las plantas que había en el pasillo eran mías?
¿Cuántos años tenia?

A partir de su interés, comencé a responder brevemente y usar esa misma pregunta para él:
¿Le gustaba leer?
¿Qué le gustaba estudiar?
¿Le gustaban las plantas?
¿Cuántos años tenía?
¿Cuándo era su cumpleaños?

De esta forma fue desplegando que le gustaba leer poemas, estudiaba electricidad, el próximo año iba a cambiar de colegio y además hacia equitación.

Cuenta que era el encargado del parque del hogar, con lo cual sabia mucho de plantas y comienza a explicarme como se cuidaban los rosales, cuando los transplantaban, etc.

Mario comienza a llegar horas antes a la puerta del consultorio y se quedaba ahí esperando su horario.

Se hace amigo del quiosquero de enfrente al cual le hacia preguntas sobre mí, si yo trabaja mucho, a que hora me iba, si vivía ahí, etc.

En el Seminario XI, en el Capitulo “EL sujeto y el Otro: La Alineación”, Lacan pone el acento en las operaciones de la realización del sujeto en su dependencia significante respecto del lugar del Otro.

“La relación del sujeto con el Otro se engendra toda en un proceso de hiancia.

Los procesos han de articularse circularmente entre el sujeto y el otro, del sujeto llamado al Otro, al sujeto de lo que el mismo vio aparecer en el campo del Otro, del Otro que regresa allí”

Colette Soler siguiendo a Lacan en “Variantes de la cura tipo” dice “ la relación analítica es siempre en cierta manera, una relación de alineación”

El sujeto hace la experiencia de su alineación en el oyente, depende del oyente que lo entienda o lo anule.

Lacan lo formula diciendo “Si conforme a la ley de la palabra es en él, el psicoanalista, en cuanto Otro donde el sujeto encuentra su identidad, es para mantener en ella su ser propio”

O sea se trata de la alineación en el Otro pero de una alineación que debe mantener el ser propio del sujeto.

“B” comienza a enviarme informes sobre como esta Mario en el hogar, sobres sus peleas con cuchillos, palos o cualquier objeto que tuviese a mano cuando se enojaba.

Estos informes se los leo en voz alta, y voy preguntando.

Cuando puede empezar a enojarse, manifiesta que le molesta que lo roben, que le toquen sus cosas, que no haya “justicia”.

Si bien las peleas parecen ir disminuyendo, de tanto en tanto, viene vendado, lastimado, golpeado.

La diferencia es que al entrar se ríe y dice “¿me vas a preguntar que paso ¿no?”
Y comienza a hablar.

Será a partir de su pedido de “justicia” que lentamente ira armando su propia historia.

Contará que su hermano mayor le pide en cierta ocasión, ayuda para robar el dinero que la madre tenia ahorrado, en un escondite de la casa.

Mario lo ayuda, encuentran el dinero y se lo gastan en video-juegos.
El dirá luego que no jugó, que solo acompañó a “E”, su hermano.

Luego de gastado el dinero, vuelven a la casa.
Descubierto el robo, el padre los castiga, colgándolos a ambos de una viga que había en el techo, amarrados por los pies y manos, contra la pared, de tal forma que el movimiento de uno, provocaba que el otro se golpeara la cara contra la pared y viceversa.

Ante la perduración del castigo, que nadie registra de cuanto tiempo fue, pero para él, paso toda una noche y todo un día, los vecinos llamaron a la policía.

Pasara algún tiempo en la calle, durmiendo en estaciones de trenes y muchas veces en las guardias de los hospitales, a veces ni siquiera eso, simplemente en la calle.

Un día alguien le habla de un hogar, junto a dos chicos mas, deciden ir a “probar suerte”
Los reciben y les dan una habitación.
Sus compañeros le roban al hijo de la dueña un par de zapatillas y se escapan.
Mario se queda, pero lo expulsan acusándolo de complicidad.

Vuelve a la calle, esta vez por mas tiempo, pero de cómo se alimentaba, donde dormía o que cosas hacia para sobrevivir, nunca dirá nada.

Nuevamente “alguien”, le cuenta de otro hogar, al cual decide ir solo, colándose en el tren y allí se quedara.

Los padres son comunicados por el juez, donde se encuentra.

La madre ha ido una vez por año, para pedir la constancia de escolaridad, que le permite cobrar el beneficio social, y la mayoría de las veces en el horario en que Mario esta en la escuela.

Al tiempo el hogar comienza a promover las visitas a su casa, para ver a los padres y hermanos, generándose a su retorno escenas de gran violencia con algún encargado.

Ante mi oposición manifiesta al hogar a que se realizarán estas visitas por el momento, comenzará a hablar del alcoholismo de sus padres y hermanos, de cómo el alcohol los enloquece, momentos en los cuales le pegaban con gran violencia, sobre todo en la cabeza.

Poco tiempo después plantea la posibilidad de ir de visita a su casa, pudiendo volverse al hogar, cuando su familia comenzaba a alcoholizarse.

Decide comenzar el secundario nocturno, con chicos de su edad. Inicia, junto a dos compañeros un curso de soldador, oficio que ejercía su padre, y el cual ayudaba.

Su profesor le dice que es muy bueno, aprendiendo rápidamente.

Hasta aquí llega el relato clínico, hasta aquí llega este tratamiento, porque es hasta aquí también que llega la vida de Mario, quien a sus 16 años fallece en un accidente de tren, mientras viajaba con sus amigos hacia el curso de soldador.

Es de esta forma que las palabras dichas por él, al final de cada entrevista “La próxima vez no vengo” pasan a lo real.

Daniel Zimmerman en su articulo “Sobre la angustia del analista” nos dice “el agujero, la perdida que provoca en el sujeto (analista) un duelo, esta en lo real”

Es el sistema significante en su conjunto, el que resulta cuestionado por el menor duelo.

EL aparato simbólico esta dedicado a encontrar un significante que cubra la perdida y es precisamente el no poder encontrarlo, lo que lanza el movimiento.

Movimiento que relanza este escrito, para intentar contornear simbólicamente ese agujero en lo real.

Para terminar quisiera compartir con Uds. los siguientes versos de Serrat:

“Uno se cree que los mato
el tiempo y la ausencia
pero su tren vendió boleto
de ida y vuelta

son aquellas pequeñas cosas
que nos dejo un tiempo de rosas
en un rincón, en un papel o en un cajón

como un ladrón te acechan detrás de la puerta
te tienen tan
a su merced
como hojas muertas,
que el viento arrastra
y ahoga aquí
que te sonríen triste si
y nos hacen que lloremos
cuando nadie nos ve”


Muchas gracias.
Lic Verónica Icasuriaga
icasuriaga@psicocuestiones.com.ar